QUE SERIA DE LA
VIDA SI NO TUVIÉRAMOS
EL VALOR DE
INTENTAR ALGO NUEVO?
Vincent
van Gogh
Ante aquella interrogativa reflexión de
Van Gogh que lleva implícito el desafío de estimular constantemente a la vida,
me pregunto –tomando aquel reto como ineludible- si entre las múltiples
opciones posibles, la de intentar cada día asumir una postura consciente de
nuestra responsabilidad, no sería ese un acto de valor impulsor en estos
tiempos tan aptos para el pesimismo y las negaciones ?
Responsabilidad frente a qué nos
preguntaremos.
Entonces cabe sólo tomar consciencia del
paisaje que nos rodea, a pequeña o gran escala, y reconoceremos la necesidad
apremiante de una respuesta que sitúe el deber moral de respeto a uno mismo y a
la humanidad, como responsabilidad o compromiso
fundamental.
El debilitamiento de la dignidad y la
libertad manifestados como una constante en el juego de las relaciones sociales,
está evidenciando la carencia de aquel deber natural y , a un tiempo, exponiendo
el agresivo perfil del individualismo dominante, ese que olvida a la otredad o
la hace objeto de su intolerancia.
Sobran los ejemplos, en lo pequeño y en
lo grande, en lo privado y en la sociedad, en la comarca y en el mundo, de ese
individualismo que ha crecido de la mano de una prédica constante de alabanza a
la defensa del interés personal, del valor material por sobre el humano y, como
consecuencia, de la indiferencia por el semejante.
Indiferencia que admite, en su egoísta
prescindencia, la exaltación de la intolerancia y su manifestación extrema de
los fanatismos en boga.
Hoy,
hay un mundo que se hace astillas por doquier víctima de múltiples miserias,
las corrientes migratorias que huyen del hambre, los desastres naturales, las
guerras, las persecuciones políticas, los odios raciales y religiosos, suman
millones de seres que vagan sin destino y sin esperanza sobre la faz de la
Tierra.
Simultáneamente, hay otro mundo que de
diversas maneras auspicia la miseria, provoca desastres y hambre, genera
guerras y exalta odios raciales, religiosos, culturales para mantener dominado
a su antojo y conveniencia a una humanidad que, bajo esa estrategia de miedo y dominación,
ha ido renunciando a valores que proporcionarían respuestas frente a la
ignominia. El comportamiento humano, manipulado con alevosa premeditación
muestra entonces, en aquel marco, sus peores facetas en detrimento de la
perspectiva moral que haría posible la empatía,
esa capacidad que nos hace humanos. A la desconfianza y el miedo,
estimulados constantemente, se suman la indiferencia y las intolerancias
fanáticas que señorean por sobre la sensibilidad y la razón. Cuando la
sensibilidad se adormece, cuando la intolerancia deja de conmovernos ,cuando el
sufrimiento ajeno es cosa de otros existe, sin dudas, un problema moral que nos
atañe, que es personal, aunque hayamos sido conducidos, arrastrados por una corriente dominante que busca
transformarnos para adoptar aquellas actitudes. Digo que es personal, porque si
hay algo que nos diferencia de otros seres, es la capacidad de elegir y esa
libertad que aún nos cabe, resulta en una responsabilidad moral que nos
compromete con nosotros mismos y con el prójimo.
Estar atentos a esa responsabilidad de
vigilancia y respuesta constante contra la manipulación que incita al
individualismo, a la indiferencia egoísta y sobre todo a la intolerancia, puede
ser una intención personal que la hagamos nueva cada día como un valioso desafío
de vida.
Federico Ferrando.-

