"Un lobo es siempre un lobo por más que lo quieran disfrazar de oveja..." Nada más cierto que esa imagen proporcionada por el diario "El Observador" de Uruguay en su nota crítica"Una ley abortiva que viola tratados" del 16.9.12 sobre modificaciones efectuadas al proyecto de ley que propende a la legitimación del aborto. El mencionado medio de prensa, tras sostener que los cambios efectuados al texto no varían su esencia, arremete contra la intención que el mismo conlleva de humanizar una situación que priva a la mujer del derecho (humano) a ejercer su libre arbitrio en aspectos cruciales de su vida. Al hablar aquí de vida me refiero a la existencia que implica caminar por esas calles cargando con responsabilidades, dolores, vergüenzas, carencias, necesidades, indiferencias, miserias, imposibilidades, desesperanzas y otros lastres que soportarán, en vivo y en directo, aquellas mujeres y aquellos fetos salvaguardados, cuando se vean obligados a transitar esa vida tan bien "protegida" por los defensores de normas jurídicas y preceptos religiosos que obvian la realidad de carne y hueso. Esa misma realidad que exhibe, invariablemente y a diario, el riesgo mortal siempre latente del aborto clandestino al que recurre la clase más desprotegida, ya que las pecadoras con billeteras robustas cuentan con las mejores clínicas a su disposición y sin problemas legales. Esa realidad de un mundo que, cuando tiene frente a sí el producto de una violación o surgido en un medio de ignorancia y miseria, olvida que ese nuevo engendro está allí y sólo lo mira por encima del hombro y de su propia incapacidad preguntándose "qué hacemos con esto ?" y luego da vuelta la cara frente al problema social instalado, porque la responsabilidad es de quienes trajeron al mundo más hijos. Tales protectores a ultranza de esa vida que recién comienza a vibrar con la unión de un óvulo y un espermatozoide y que aún no ha franqueado el umbral de la realidad que prefieren obviar y que sí grita y llora de verdad, condenan la interrupción del proceso de fecundación porque entienden (según la nota periodística) que ello " viola el principal de los derechos humanos, que es el derecho a vivir". Refiriéndose, por supuesto, a esa concepción de la vida tan sui generis donde el valor animal de la acción biológica se prioriza a la defensa y protección de los valores humanos que sí están en juego, léase salud, educación, dignidad, libertad y elección de vida, entre tantos otros valores que nunca conocerán muchos de aquellos que no deberían haber abierto nunca los ojos a infiernos tan previstos. A tal opción suman el indignante desprecio manifiesto por la mujer en general que, sin ambages, exhiben en su argumentación anti aborto. En efecto, cuando estos paladines de la defensa de los derechos humanos, comentan el agregado a la ley que exime de la práctica del aborto a aquellos médicos e instituciones que lo rechazan, anotan que no obstante ello, (la ley) "mantiene el tremendo error de habilitarlos por la sola voluntad de la mujer".
La pregunta surge entonces instantáneamente : será que la mujer , para estos esclarecidos señores, no es humana y por lo tanto no entra en la órbita de quienes pueden ejercer su voluntad y poseer derechos ?
Aquí viene a cuento aquello del principio : la observación de los lobos que se disfrazan de ovejas...Qué mejor ejemplo de ello que esta manifestación impúdica de cinismo que encubre bajo la aparente defensa de valores humanos, la pretensión aberrante de cercenar el elemental derecho (tremendamente humano) de la dignidad.
Afortunadamente ya sabemos que estos lobos ya no engañan a nadie por más lana de ovejas que se echen encima.
Federico Ferrando.
Aquí viene a cuento aquello del principio : la observación de los lobos que se disfrazan de ovejas...Qué mejor ejemplo de ello que esta manifestación impúdica de cinismo que encubre bajo la aparente defensa de valores humanos, la pretensión aberrante de cercenar el elemental derecho (tremendamente humano) de la dignidad.
Afortunadamente ya sabemos que estos lobos ya no engañan a nadie por más lana de ovejas que se echen encima.
Federico Ferrando.
