25 de agosto de 2012

NI A FAVOR NI EN CONTRA, SI NO TODO LO CONTRARIO.



 

                          “Lo oculto es lo que nos completa"
                          Lezama Lima (MUERTE DE NARCISO)


REENCUENTROS

Es obvio que todo toca a su fin. Las vacaciones también. Al cabo de ellas, retomamos entonces  esta tarea impuesta sólo por el placer de la comunicación, luego de disfrutar del contacto directo con las calles montevideanas, la compañía de los seres queridos de por aquellos lares y, por ende, de observar los diferentes aspectos de la realidad uruguaya, rica, compleja, controvertida y, sobre todo en movimiento. Es, por supuesto, la percepción a vuelo de pájaro de un visitante ocasional pero, de la que no escapa la visión  de un país cuya dinámica, en el error o en el acierto, sigue buscando caminos que le permitan lograr los tan ansiados cambios a que aspira una sociedad que mantiene la esperanza. Caminos que a veces sorprenden, cuando conllevan apuestas a innovaciones cuestionadoras de concepciones éticas tradicionales, como la propuesta del gobierno de legalizar el consumo de la marihuana. La argumentación de crear un mercado controlado que generaría un consumidor cautivo de esa droga, alejándolo así de otras búsquedas más nocivas en el amplio espectro de sustancias, es por lo menos discutible y da lugar a controversias múltiples. El proyecto no surge de la nada, sino evidentemente de la necesidad de enfrentar –de alguna manera- una realidad que abruma y distorsiona, física y moralmente, los pilares de una sociedad que  sufre un crecimiento manifiesto del flagelo de las drogas. Las soluciones, las encontrarán o no los responsables ocasionales de semejante tarea pero, más allá de esta circunstancia y sin pretender adentrarme en las profundidades psicológicas de este drogadicto del siglo XXI que se expande sobre la faz de la Tierra con alarmante incremento, no puedo eludir la tentación de observar el fenómeno como la consecuencia de una añeja carga  que el ser humano arrastra desde tiempos inmemoriales.

LAS BÚSQUEDAS INSACIABLES

El hombre es un gran interrogante tras la búsqueda de respuestas. Lo ha sido siempre. Probablemente ya en la caverna, cuando el rayo asombraba sus sentidos, intentó explicárselo, lo temió, cayó herido por su fuerza y tal vez lo adoró más tarde cuando su fuego le fue útil. Su vida se transformó, así como seguramente su percepción de una realidad en la que encontró un poder –más allá del suyo propio pequeño y limitado- que le brindó beneficio y protección. Las fuerzas naturales comenzaron a cobrar la categoría de objetos de adoración en la búsqueda de abrigo y respuestas y aquel hombre ya no fue el mismo, ya no estuvo tan solo. Había acertado con una otredad a la que recurrir en el intento por escapar al desamparo.
La debilidad de ese ser falible y desguarnecido se ilusionó en el encuentro con espejismos de su propia creación, y la invención de un  universo de divinidades buscó explicar lo que no puede ser explicado. El descubrimiento de la finitud de la vida afirmó esa necesidad de ahuyentar la soledad del destino ineludible y para eso, el hombre siguió inventándose –hasta hoy- artimañas que disfracen aquella contundencia.

DIOSES Y DROGAS

Religiones y drogas fueron surgiendo entonces en auxilio de las angustias existenciales que desesperan al individuo, para brindarles un sostén. Convertido así el sujeto en la mitad de su propio ser, ya no abandonará la persecución de esa complementariedad falsa para sobrevivir.  Instalados como recursos de sustentación, dioses y drogas, han sido referencias conductoras de la vida de los hombres, a veces por caminos separados y otras marchando de la mano.
En diferentes momentos y lugares, esta ha sido una constante de la que el hombre no ha escapado.
Resulta interesante recordar, por ejemplo, el registro de la Historia que nos señala fecha tal como alrededores del 1500 a.c. , en el período micénico de la antigua Grecia –cuando aparece gran parte de las divinidades como Zeus, Hera, Ares, Poseidón, etc –  la del nacimiento también de los misterios de Eleusis.
Estos ritos de iniciación eran celebrados en Eleusis, por aquellos tiempos, en homenaje a los personajes mitológicos Démeter y Perséfone. Las adoraciones y creencias de culto que conllevaban, unían al adorador con el dios y eran guardados en secreto, so pena de muerte. Las complejas ceremonias que tenían lugar en el templo Telesterion, se caracterizaban por la intervención, en determinado momento, de un agente psicodélico, el ciceón (kikeon), bebida especial que jugaba un papel fundamental al ser ingerida por los iniciantes que alcanzaban, tras ceremonias, ayuno y libación del kikeon, estados mentales revelatorios con profundas ramificaciones espirituales e intelectuales. Aquí anotamos ya la función de un  estimulante de fuerte impronta psicoactiva como ingrediente de gran representatividad en la actividad social de una colectividad. El poder de los misterios fue de tal magnitud que bajo el gobierno de Pisístrato de Atenas se hizo panhelénico y a partir del 300 a.c. el estado (con algún precursor del Pepe Mujica) nacionalizó el control de los misterios antes en manos de dos familias: Eumólpidas y Kerikes, provocando un vasto incremento en el número de iniciados. Esta suerte de religión pagana donde una droga jugaba un papel exacerbante de gran protagonismo, tuvo una enorme fuerza y poder que se prolongó durante dos mil años, hasta que el cristianismo lo arrasó para imponer otro dominio y la sujeción a nuevos dogmas.

 PARENTESCOS INVISIBLES

Otros confines de la Tierra han sido y siguen siendo testigos de tales persecuciones del hombre en los laberintos de sus angustias.
Las culturas nativas americanas tienen un rico historial de consumo de drogas psicodélicas y alucinógenas, profundamente enraizada en la base de su cultura.
El peyote, con propiedades enteogénicas (psicotrópicas), el San Pedro, la poción mágica ayahuasca, entre otros vegetales y preparados fueron y siguen siendo de uso en zonas amazónicas, México, Arizona, Nvo. México, Perú, Bolivia, etc.
El cronista español fray Bernardino de Sahagún, anotaba : “…hay otra hierba, como tunas de tierra, se llama peyoti, es blanca, los que la comen o beben, ven visiones espantosas o irrisibles; dura esta intoxicación de dos a tres días. Es común manjar de los chichimecas, pues los mantiene y les da ánimo para pelear y no tener miedo, ni sed, ni hambre y dicen que los guarda de todo peligro” . Fray Bernardino estimaba que los aborígenes americanos consumían el peyote desde al menos dos mil años antes de la llegada de los españoles.

LOS PARAÍSOS ARTIFICIALES

Frente a este panorama ancestral, se reitera en el hombre la búsqueda, más allá de sí mismo, de un soporte de carácter ficticio que le ayude a comprender y recorrer su destino.
Hoy, siglo XXI, a la oferta de respuestas tradicionales -dioses y drogas- se ha sumado el paliativo de la distracción consumista por imposición de un mundo capitalista. Sin embargo, la propuesta de este mundo no le llega a quienes siguen sufriendo la globalización de la angustia nutrida de amenazas, guerras, miseria, desigualdades, hambre, desesperanza e injusticias de todo tipo.  Para estos, los dioses han ido perdiendo sus brillos y sus capacidades para brindar esperanzas.  Apelar a la fantasía de una falsa realidad sigue, no obstante, siendo posible. Los que han captado esa certeza y saben especular con ella, se han transformado en los nuevos dioses que no aportan esperanzas sino la vana ilusión que lleva la droga. La gran lucha contra este flagelo probablemente tendría que apuntar entonces hacia otras profundidades, nada fácil de alcanzar en este mundo sin paradigmas.

Federico Ferrando.