28 de febrero de 2012

BAJO LOS FULGORES DE LA CORONA...

...en un país de sombras largas, éstas pueden mostrarse muy largas y oscuras aunque allí, de ello poco se hable. Sí, por el contrario, mucho de democracia, igualdad y terrorismo. Es lo que resulta "políticamente correcto" en el intento por inhibir aquellas sombras que, no obstante, subsisten empecinadamente.
En este mes de febrero que fenece, abrieron los ojos al mundo en el mismo día, bajo el mismo cielo y las mismas leyes (?), dos niñas en el reino de Suecia. Sandra y Estella, son los nombres que eligieron para ellas. Ninguna puede aún elegir algo y -por diferentes razones- será poco probable que algún día puedan hacerlo.
Sandra, hija de Sabina Quliyiva y Salam Mohamed Ali; Estella, hija de Victoria y Daniel Westling, nacieron sin problemas y robustas. Estas son las únicas condiciones que las igualan. Sin embargo, para celebrar el advenimiento de una de ellas, trepidaron 42 veces las salvas de cañón en los aires de Estocolmo, ministros y cortesanos se agitaron y repartieron sonrisas, alabanzas y deseos de felicidad, la catedral se inundó de palabras bíblicas de protección, felicidad y esperanza para la recién llegada, conferencias de prensa congregaron decenas de cámaras y periodistas, ríos de tinta corrieron y lo siguen haciendo en adelante para comentar los detalles más banales e insignificantes de esa vida que ha comenzado a ser tema de atención interminable. Cuál de las dos bebas habrá merecido tanta atención ? Adivinen !
Sí, obviamente la agraciada fue la princesa Estella, nueva heredera al trono de Suecia, porque Sandra, desprovista de derechos elementales, tiene en cambio sobre su cabeza no la corona que probablemente lucirá aquella algún día, sino la sentencia de expulsión de Suecia hacia destino aún no determinado.
Mientras Victoria y Daniel, la pareja heredera al trono, disfrutan juntos la alegría del retoño recién nacido y  lo hacen público a todos los vientos, en el mismo país, bajo la misma bandera, la pequeña Sandra y su madre reciben la orden de expulsión a Azerbajdzjan mientras Salam sufrirá lo propio hacia Irán. Así de simple, cada uno hacia un país diferente de donde habían huido y donde sus vidas ahora, por distintas razones, corren peligro.
Las injusticias no tienen banderas. Ellas tienen la capacidad de albergarse dentro y fuera de cualquier frontera. Allí donde el poder establece privilegios estará presente. Allí donde los privilegios generan insensibilidad se mostrará en todo su esplendor. Esto es hartamente sabido. Sin embargo duele y mucho la constatación palpable de esa realidad en un país como Suecia que se precia de ser ejemplo de democracia e igualdad, no obstante lo cual aún sostiene a la ridícula y absurda permanencia de una monarquía mantenida por un pueblo que hoy observa inerme los desiguales destinos de dos niñas nacidas el mismo día sobre el mismo suelo.

23 de febrero de 2012

La dictadura sin rostro.


Hasta hace pocos años, los regímenes dictatoriales cometían sus felonías sin ampararse en el anonimato. Muy por el contrario, quienes ostentaban ese poder, exhibían con desparpajo y sin ambages, la soberbia de sus efigies a todos los vientos y a cielo abierto. Exhibicionistas a ultranza de sus poderes e impunidades, se reafirmaban en ellas brindando al mundo la confirmación de su existencia física, contundente y visible como representación del autoritarismo del que alardeaban. Esa aureola narcisista que los envolvía, permitía, no obstante la agresividad simbólica manifiesta, una ubicación referencial a la hora de ejercer la confrontación a ese poder.
El sometimiento de los pueblos bajo el despotismo de un régimen dictatorial, en la intención por liberarse de aquel dominio ilegítimo, apuntaba entonces sus esfuerzos hacia una entidad visible, palpable.  Si sobre esta presencia pudiera anotarse alguna ventaja, a la hora de establecer la comparación que marcaremos más adelante, ella radicaría en que la característica material de aquel sujeto permitía albergar la esperanza de alcanzarlo y destruirlo. Detrás del poder existían facciones que expresaban su soberbia, quizás el cinismo de una sonrisa estereotipada y repetida en la visión del imaginario colectivo y, por supuesto, la arrogancia de nombres y apellidos firmando los actos de la acción dictatorial. Esa presencia corporal, humana, representativa de la infamia, resultaba estimulante  en la confrontación, porque exhibía la meta a ser destruida a la hora de acumular fuerzas necesarias para ponerle fin.
Cuando conjugamos en pasado la referencia a las dictaduras nacionales no es que obviemos las numerosas que aún lamentablemente subsisten en el mundo. Pero, por lo expresado más arriba, sabemos que los pueblos alojan siempre la esperanza de que,  tarde o temprano, esos personajes que las encarnan caerán, son perecibles, ya que si la resistencia popular no alcanza para voltearlos, algún día la razón biológica acabará con ellos. A los que aún quedan en pie, casi podríamos catalogarlos como poseedores de una peligrosidad relativa, considerando el alcance de su poder y la caducidad ineludible del mismo,
Sin embargo, las transformaciones que han ido acrecentándose en las últimas décadas en aspectos fundamentales del quehacer humano, han trocado aquel fenómeno por el de la implantación de un poder supranacional, inasible, impersonal, sin rostro, que dicta a mansalva y sin escrúpulos los destinos del mundo y cuyo accionar supera de manera abismal las consecuencias de las dictaduras “tradicionales”, por llamarlas de alguna forma.
Hoy tenemos sobre nuestras cabezas la dictadura del Mercado que, infiltrada a través de la globalización por todos los rincones del mundo como un monstruo fantasmal, domina a su antojo el diario vivir de la humanidad. Ese nuevo poder que trasciende las estructuras estáticas, inútiles para controlarlo, mueve sus tentáculos con absoluta libertad y en su inmaterialidad -una de sus armas letales- elude todo enfrentamiento.
A la pérdida del control del Estado sobre su poderío, las naciones caen a merced de sus caprichos y surge la inestabilidad económica que genera la incertidumbre y el actual caos social que viven numerosos países.
Las características básicas  de inmaterialidad, universalidad e inmediatez que ostenta la actividad especulativa en el imperio del Mercado confunde a la masa, la desorienta, desarticula sus capacidades de reacción, porque este enemigo no tiene imagen y su accionar tiene la rapidez del rayo y la astucia enfermiza que prioriza el interés económico a los valores humanos.
Aquella lucha que era posible librar con probabilidades de éxito contra el dictador de turno, ese déspota que conocíamos con nombre y apellido, ha ido dando paso a un nuevo planteo: la necesidad de buscar nuevas armas, nuevos métodos para encarar estos tiempos de globalización vertiginosa dominada por los “dueños del mercado”, esa oligarquía financiera que voltea gobiernos, genera guerras, provoca crisis y con insensibilidad de robot esconde la cara y se sienta sobre fortunas inimaginables.


21 de febrero de 2012

CUANDO LOS DD.HH. SE HACEN INVISIBLES

Hace apenas un año los medios (des)informativos de las naciones occidentales (y muy cristianas ellas) no descansaban -en exacerbada y loca carrera- ni un minuto de cada día, para ponernos al tanto de los criminales hechos de violencia cometidos por el régimen de Kadafi (o Gadafi) contra su pueblo.
Ningún epíteto era suficientemente contundente para caracterizar las atrocidades con que -el hasta poco tiempo atrás amigo y aliado instrumento de las potencias occidentales, ahora transformado en terrible verdugo- barría sin piedad ni escrúpulo con todos los derechos humanos de su pueblo.
No por evidente resulta menos extraño que tal situación no fuera percibida antes, mientras todos los líderes de los países centrales estrechaban la mano de Kadafi a diestra y siniestra intercambiando sonrisas, convenios y tratados. Extraño, no ? Pero, resulta que un día los efluvios "primaverales" comenzaron a correr bajo el cielo de Libia y las voces (muy occidentales y democráticas) de los países que señalan al mundo cual debe ser el camino a seguir, se alzaron entonces en coro desgañitándose para denunciar los atropellos sufridos por el pueblo libio y, como consecuencia, la necesidad imperiosa de acabar con tan ignominioso poder.
En ese esfuerzo -ya lo vimos- se sumaron todos los paladines de la democracia y el respeto por los derechos humanos para aportar su granito de pólvora. Finalmente lo consiguieron. Destronaron a Kadafi. Acabaron con su régimen y con su vida (de forma muy humana, no ?) Misión cumplida dijeron los Obama, los Zarkosi y las Merkel que las democracias de este mundo nos han regalado. Ahora tendremos una nueva Libia "primaveral" y respetuosa de los derechos humanos, manifestaron y le dieron paso a un Consejo Nacional Transitorio (CNT) que pondría orden, progreso, humanización a esa sociedad desquiciada y establecería buenas relaciones con los poderes que usufructúan el petróleo libio. Después de esto cayó el silencio sobre esos medios que levantan o destruyen poderes, conspiran y marcan los rumbos que , desde las sombras, son señalados por los intereses de capital internacional.
Se acabó Kadafi, ahora reinará la paz, fue el mensaje.
El 30 de diciembre del pasado año se le vio en pantallas y por última vez a Hala Misrati, presentadora de la TV libia. Apareció en la oportunidad en silencio total sosteniendo en sus manos un papel con la fecha mencionada y el rostro plagado de moretones. Los televidentes supusieron que le habrían cortado la lengua. Arrestada por las milicias, se afirma que en prisión fue violada repetidamente por los soldados rebeldes.
El 17 de este mes de febrero, al cumplirse el 1er. aniversario del levantamiento contra Kadafi, Hala Misrati fue asesinada en prisión. La presentadora televisiva de 31 años había defendido desde pantallas al lider libio y la no injerencia extranjera en la definición de los conflictos intestinos de Libia.
Sin que el CNT presentara nunca ningún cargo contra ella ni le iniciara proceso alguno, Misrati pagó con su vida la coherencia de una idea, equivocada o no, a manos de quienes exhibieran como pretexto para derrocar a Kadafi, la defensa de los Derechos Humanos.
Ninguna prensa, de esa que se rasga las vestiduras cuando se trata de apoyar los mandatos del capital imperial y sus consabidas consecuencias, ha emitido una palabra, un cuestionamiento a este nuevo crímen y al que se está cometiendo hoy a los 8000 prisioneros torturados por las milicias revolucionarias de la nueva Libia.
Los DD.HH. siguen siendo más o menos humanos según el cristal con que se mire.
21 de febrero 2012.