24 de mayo de 2012

HABLEMOS DE MUJERES !




Seguramente más de un desprevenido se lanzará tras el título con aquella expectativa  sobreentendida de que, una vez más, la mujer será aquí objeto de burla, menosprecio o broma sexual.  Todo eso dentro del marco de la actitud - casi deporte - que la sociedad ejerce con cruel naturalidad.
Pero le erró, mi amigo !
Hablar de mujeres conlleva, sobre todo, la responsabilidad de poner en la mira de cada uno la atención a los valores que manejamos en la consideración del género. 
El histórico menoscabo que recae sobre él y que se expresa de forma sutil o desembozada, con mayor o menor violencia, más o menos solapadamente, se manifiesta en toda la escala social sin distinción de raza, religión o país, y así instalado se acepta como un ingrediente propio de la condición humana.
El tema viene a cuento no por novedoso, notoria y lamentablemente,sino por la acumulación creciente de episodios y hasta de posturas institucionales que quiebran toda indiferencia.
Obviamente no es este un tema que se agote en una nota de pocas palabras, no obstante, el silencio cómodo sólo establece una complicidad tácita - por pasividad insensible- con esa práctica de dominio machista que se ejerce en la sociedad con la anuencia general. Así entendido, considero imprescindible no ahorrar oportunidades para poner sobre el tapete un tema que deshonra al género humano. 
Días atrás, conmovido ante las cifras de hechos indignantes de violencia doméstica cometidos cotidianamente contra mujeres, tanto en países europeos como americanos, donde la muerte está presente de manera superlativa, culminé la jornada con una revelación que, llevando agua para el mismo molino, semejaba una caricatura perversa de la realidad. Sin embargo, era una rotunda realidad la que nos golpeaba los ojos y los oídos, a través de un documental emitido en la televisión sueca donde en los encuentros de dos mujeres - provistas de cámaras ocultas- con imanes (sacerdotes) de diez de las mezquitas musulmanas instaladas en Suecia, éstos respondían a preguntas cruciales sobre el comportamiento que debía corresponder  a la mujer. Las respuestas de aquellos consejeros religiosos, espirituales y sociales, que tienen valor de sentencia, exhibieron con demoledora contundencia la estimación que esos hombres consagrados al servicio de su dios, le otorgan a la mujer.
Qué hacer, demandaron al sacerdote, cuando una es golpeada una y otra vez por el marido. La respuesta -con excepción de la de un imán- fue que jamás se debe recurrir a la policía y que esos episodios domésticos se solucionan, palabras más palabras menos, con paciencia y tolerancia. La siguiente consulta se refería a la eventualidad de negarse a tener sexo con el marido. Absolutamente vedada tal posibilidad, salvo que la mujer esté enferma o en el período menstrual, fue la respuesta de los religiosos. Así iban los consejos de estos ministros espirituales,  cuando debieron atender la queja de una de ellas de que el marido tenía otra mujer. Sin dudas éste sería un hombre tímido ya que el orden religioso, según todos los imanes consultados, autoriza a poseer hasta cuatro. Y poseer es la palabra más adecuada para la concepción de la relación hombre-mujer expresada en el documental en todas sus instancias. Así de descarnada se mostró la posición de una institución al servicio de los hombres, literalmente hablando.
Con esta perspectiva y tras las expresiones lógicas de indignación frente a tales evidencias, la chispa encendida da paso a otras complejidades. Quienes sostienen y proclaman tales preceptos son representantes del Islamismo. Dicha religión, que ampara también otras formas de tratamiento denigrante a la mujer, se ha extendido profusamente hacia Europa en los últimos años con la corriente migratoria proveniente del Medio y Lejano Oriente. Este fenómeno  no sólo trajo consigo a millares de seres humanos, sino también las reacciones xenófobas e islamofóbicas de una parte de la población europea. No es del caso considerar la nutrida variedad de consecuencias de este encuentro-desencuentro. Sin embargo, hay una ineludible aquí y es la que apunta al aprovechamiento político e ideológico de las criticables características de aquellas culturas foráneas por un lado, y por otro al ocultamiento oportunista de la propia realidad escudándose en aquel postulado futbolero de que no hay mejor defensa que un buen ataque. 
Me explico sintéticamente. La derecha, en creciente actividad en toda Europa, suma estas concepciones culturales -sin dudas reprobables - del Islam en su fóbica argumentación y encuentra adeptos que ingresan a la peligrosa corriente xenófoba que recorre el continente. Al mismo tiempo y de paso, extiende en su discurso generalizado contra la inmigración, una cortina distractoria sobre la ignominia que, fuera del Islam, también padece la mujer bajo el dominio machista. La diferencia entre uno y otro caso sólo estriba en que, mientras bajo el arbitrio de Alá la humillación al género está patrocinada institucionalmente, en el resto del mundo que se pretende libre de culpa, la ofensa se infiere por la libre y como hábito ancestral.  Si cupiera alguna duda para reconocer que el menosprecio viene de lejos, cabe recordar la consideración del griego Platón quien supuestamente - al reflexionar a propósito de la reencarnación - sostenía que si uno no era justo en esta vida, en la próxima nacería mujer. Toda una definición de castigo para reflexionar.


Federico Ferrando.-