Muy lejos están aquellos tiempos en que las calles de Montevideo y el espíritu de los uruguayos lucían por doquier, sin ambages ni dubitaciones y como una obviedad a rajatablas, aquella inevitable consigna YANKIS GO HOME !
Eso era antes. Antes de que el pueblo consiguiera obtener parte de sus aspiraciones. Era una época previa a aquella en que, merced a su lucha, las fuerzas progresistas alcanzaron el gobierno y por ende el uso de la manija del Estado. Que no es poco, pero obviamente no todo lo necesario para cambiar estructuras, situaciones, mentalidades, calidad de vida y, sobre todo, el futuro. Esa instancia de tiempo y esperanzas que debería ser una construcción participativa, levantada con el poder del pueblo que lo habilite a decidir sobre su propio destino. Facultad aquella que sigue ausente a la hora de las determinaciones porque el uruguayo, con su triunfo progresista, se ha quedado con la mitad de la torta para festejar. El resto no está a su disposición sino , como siempre, al de intereses que nada tienen que ver con el del pueblo ni de la soberanía nacional. Sin embargo, frente a los acontecimientos,parecería que este no es un tema que despierte demasiadas preocupaciones. Las euforias de otrora, cuyas motivaciones no han perdido vigencia sino que muy por el contrario se han reforzado, han caído hoy bajo el influjo de un extraño hipnotismo que ha anulado la capacidad de reacción. Veamos si me equivoco. Uruguay acaba de ser testigo privilegiado de la X Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas, ya que fue en su exclusivo balneario de Punta del Este donde se consumó el evento. Allí y con todo desparpajo, el ex jefe de la CIA y actual secretario de Defensa de EEUU, León Panetta, embaucó abiertamente con la "Nueva Estrategia de Defensa" que el Imperio busca imponer al continente latinoamericano. No es novedad que EEUU siga buscando nuevas formas de dominio y control del mundo, lo que sí es novedoso, lamentablemente triste y preocupante, es que quienes antes se jugaban la vida por la defensa de la soberanía de los pueblos y la aspiración de acabar con el imperialismo, hoy se sientan junto al ex-enemigo para acordar y suscribir estrategias continentales de defensa. Ante tal desatino, resulta sin embargo extraño el silencio del pueblo, o la anuencia del pueblo, ya que ante la gravedad del hecho ha mostrado una tolerancia que no era permitida cuando la izquierda se movía en el llano. Han sido contadas las organizaciones que salieron a la calle a mostrar su rechazo ante aquel escenario difícil de imaginar. Quien hubiera pensado que el ex guerrillero tupamaro Eleuterio Fernández Huidobro, el "Ñato" de revólver al cinto, ideólogo de los más recalcitrantes planteos antiimperialistas, hoy devenido Ministro bajo el paraguas del compañero presidente, otro grande de la guerrilla (y hoy no tanto) adorado por multitudes, se transformaría en operador político del sistema opresivo y más inhumano de la Historia.
Leon Panetta, casi un "compañero", vino a ofrecer su generosa ayuda procurando ser "en el hemisferio occidental el socio predilecto en materia de seguridad". No fuera a ser cosa de que los peligros inminentes que acechan a Uruguay estuvieran huérfanos del respaldo que EEUU tiene para brindarle porque "ningún país por sí mismo puede hacer frente a los desafíos multifacéticos y solapados que presenta el siglo XXI".
Antes del evento puntaesteño, el ministro guerrillero (perdón, ex, muy ex) había tenido ya otro encuentro con otro lider de la pandilla de la Casa Blanca, el nunca bien ponderado Frank Mora subsecretario de Defensa de EEUU, con quien mantuvo el segundo Diálogo Estratégico entre ambos gobiernos para actualizar los acuerdos de cooperación del año 1953. Entendieron que aquellos habían perimido y los nuevos tiempos exigían renovación de abrazos y estrategias conjuntas para la Seguridad. Ese tema que, si mal no recuerdo, generó una Doctrina de Seguridad Nacional instrumentada por medio del Plan Condor y que hoy, nuestros gobernantes que la sufrieron en carne propia, parecen olvidar aunque como referente valdría la pena tomar en cuenta, por decir lo menos. Sin embargo vino Panetta y mandó a parar y, a sus órdenes, el compañero Pepe y el compañero Ñato lograron sentirse complacidos con la suscripción de un nuevo "diálogo estratégico" que los uruguayos, mirando para arriba, dejan correr con la extraña actitud acrítica de los nuevos tiempos.
Leon Panetta, casi un "compañero", vino a ofrecer su generosa ayuda procurando ser "en el hemisferio occidental el socio predilecto en materia de seguridad". No fuera a ser cosa de que los peligros inminentes que acechan a Uruguay estuvieran huérfanos del respaldo que EEUU tiene para brindarle porque "ningún país por sí mismo puede hacer frente a los desafíos multifacéticos y solapados que presenta el siglo XXI".
Antes del evento puntaesteño, el ministro guerrillero (perdón, ex, muy ex) había tenido ya otro encuentro con otro lider de la pandilla de la Casa Blanca, el nunca bien ponderado Frank Mora subsecretario de Defensa de EEUU, con quien mantuvo el segundo Diálogo Estratégico entre ambos gobiernos para actualizar los acuerdos de cooperación del año 1953. Entendieron que aquellos habían perimido y los nuevos tiempos exigían renovación de abrazos y estrategias conjuntas para la Seguridad. Ese tema que, si mal no recuerdo, generó una Doctrina de Seguridad Nacional instrumentada por medio del Plan Condor y que hoy, nuestros gobernantes que la sufrieron en carne propia, parecen olvidar aunque como referente valdría la pena tomar en cuenta, por decir lo menos. Sin embargo vino Panetta y mandó a parar y, a sus órdenes, el compañero Pepe y el compañero Ñato lograron sentirse complacidos con la suscripción de un nuevo "diálogo estratégico" que los uruguayos, mirando para arriba, dejan correr con la extraña actitud acrítica de los nuevos tiempos.
