23 de abril de 2012

POBRE DON JUAN....!!





La gente no te comprende, Juancar. El problema es que el vulgo se queda sólo en la superficie de las cosas. No penetra en la esencia de los por qué, en la intimidad de lo que uno lleva en la sangre y lo impulsa a actuar. Podríamos hablar casi de instinto, por qué no. Sin embargo, lo que más se menciona de tu última escapada, es que dejaste un elefante menos en las sabanas africanas. A nadie le da por pensar que esa afición tuya te viene de lejos y que es imposible de reprimir, aún con todos tus oropeles a cuestas o, quizás en razón de ellos. Porque hay un problema de raza. Tú perteneces a una raza de cazadores y eso, es como una marca de fábrica que el poder español mantiene a través de la Historia. No sería extraño que, más de una vez, mientras apuntas con tu rifle a algún trompudo africano, te venga a la mente la imagen de tus lejanos antecesores cazadores de indios. Por supuesto, tú no viviste aquellas epopeyas, pero alguna vibración ancestral seguramente debes recibir desde el más allá en esos valientes momentos frente al enemigo circunstancial. El cazador frente a la presa...debe ser emocionante! Sea indio, elefante, riquezas ajenas o ciudadano común reclamando sus derechos.   No, no es que tu soberana presencia esté frente a esa variedad de objetivos. Tú sólo perteneces a esa raza que, desde las alturas del poder, ayer cazaba indios, expoliaba los recursos de sus tierras y hoy, con la misma indiferencia y soberbia, disfruta de safaris en África mientras más de cinco millones de personas no tienen empleo. Tú eres rey, no eres político obviamente, pero navegas en las aguas del poder como Jefe del Estado y deberías tener ojos para ver, en ese Estado, el ejercicio de una política que ha olvidado a su pueblo. Pero te comprendo, no se puede tener ojos para todo: uno para la telescópica del rifle y otro para observar como se desfleca la democracia en tu país mientras el pueblo desespera. Imposible. De todos modos, has tenido finalmente un gesto magnánimo y has pedido perdón. Lástima que los que deberían perdonarte, demasiado preocupados por resolver como podrán ganarse el pan de mañana, no deben haberte oído.

Federico Ferrando.-




15 de abril de 2012

CUANDO LOS MIEDOS SE HACEN TRIZAS



Una vez, hace ya unos años, con mi hija entonces pequeña a mi lado, intentaba con esfuerzo y en vano hacerle tomar una medicina de sabor muy desagradable. Insistía sin éxito con aquél propósito cuando, corto de imaginación, se me ocurrió aplicar la archigastada fórmula que sufrí yo mismo en mis tiernos años.

Con tono imperante y cara de pocos amigos, le lancé aquello de “toma la medicina de una buena vez porque si no viene el cuco y te come”.

Ante la amenaza, mi hija detuvo de golpe su llanto, me miró fijamente y sin ningún titubeo me preguntó “ ¿y si te come a vos?”. Sorprendido, estuve a punto de tomarme yo la medicina ante aquella respuesta inesperada pero, me dejó pensando. ¿Si el débil, amedrentado siempre por la amenaza se plantea un día una pregunta tal, no se  invertirán los papeles?

La historia de los pueblos nos ha mostrado, en reiteradas oportunidades, que la reversión es factible. Los ejemplos existentes, que han ido marcando pautas indelebles en la consciencia humana, en el quehacer social y en la forja de nuevos valores, nacieron a instancia de la acumulación de opresiones y amenazas hasta el punto en que  el fiel de la balanza se vuelca al campo del desafío y la respuesta, haciendo añicos todos lo miedos.

Es obvio que no siempre se dan las condiciones para desarrollar la reacción contestaria.

La debilidad del ofendido, la falta de consciencia de su capacidad de respuesta, la fuerza bruta ejerciendo la presión dominante con la supremacía del poder, son factores que demoran el cuestionamiento y el contraataque. Sólo lo demoran pero no lo impiden, porque tarde o temprano, por una simpe ley de física aplicable también al comportamiento humano, toda acción provoca una reacción. No es natural en el hombre el precepto cristiano de “poner la otra mejilla luego de ser agredido”.

Esa construcción moral, en la búsqueda quizás de la comprensión del otro, en la persecución de una paz teórica y ficticia entre los hombres, de la tolerancia llevada al extremo de la humillación propia, no condice con el respeto a la vida, a la dignidad y a la justicia que todo ser humano está obligado a defender y que, las  aceleradas y profundas transformaciones del mundo actual, han ido descaeciendo gravemente.

El orden internacional del capitalismo salvaje ha ido arrasando con los derechos humanos de la dignidad, la justicia, el trabajo, la soberanía de los pueblos y hasta el derecho a defender sus intereses básicos de sobrevivencia.

La crisis económica provocada cruel y aviesamente por el mercado especulativo, ha devastado en Europa a países cuyos ciudadanos fueron sumergidos en la más humillante miseria y hoy vemos deambulando en la búsqueda de un mendrugo para sobrevivir.

Portugal, Italia, España, Francia, Grecia, antes Islandia, son víctimas propiciatorias del poder del capital que, exhibe sin ambages, como puede a su antojo transformar realidades en su propio beneficio.

Las medidas arbitrarias y difíciles de calificar por la gravedad que entrañan en la vida de la gente, como las monstruosas rebajas de sueldos, pensiones y puestos de trabajo en Grecia o los recortes de derechos laborales y civiles en una España millonaria en desocupados, son muestras de ese poder infame del sistema que, no obstante, deja descubrir que se encuentra en plena crisis tanto económica como política.

Sin embargo, esta acumulación de padeceres va saturando la capacidad de aguante y, cuando los que despiertan  comienzan a exigir

justicia surge la pretensión de acallarlos mediante la imposición de durísimas leyes represoras, como está sucediendo en Españä y en el propio Estados Unidos para los que alzan su voz contra el sistema.  Expresión que demuestra por un lado la incapacidad para aportar soluciones a las exigencias populares, porque para el sistema el primer tema de consideración y respeto es la atención a las necesidades del mercado antes que a la de los ciudadanos. Por otro lado, la exhibición de la fuerza para sostener el atropello mas flagrante a la democracia (¿cuán democrático es un país cuyo gobierno no ha nacido de las urnas como ha sucedido con Italia y Grecia?) proclama a todos los vientos que el “nuevo orden” se siente amenazado. Porque, la verdadera amenaza a la que el sistema es profundamente sensible, es la de que las mayorías de sus sociedades despierten y descubran que existen otras alternativas y al mismo tiempo tomen consciencia de su capacidad de reacción para luchar y conquistar otros caminos.

Dimitris Christoulas, un jubilado griego de 77 años, tan sólo unos días atrás, tomó una valiente decisión al alcance de su capacidad. Se dirigió a las puertas del Parlamento y allí se descerrajó un tiro que terminó con su vida sobre la Plaza Sigtama de Atenas. Antes, había dejado una carta : “Dado que no tengo una edad que me permita responder activamente (aunque sería el primero en seguir a alguien que empuñara un kalashnikov) no encuentro otro modo de reaccionar con dignidad que poner fin decente a mi vida antes de comenzar a rebuscar en la basura para encontrar comida”. Su limitada condición le permitió a su dignidad sólo ese camino, pero también señaló que otra alternativa es posible cuando los miedos se hacen trizas.











                                                                                                                                    

3 de abril de 2012

DE HIPNOSIS Y TRAMPAS


"No, yo ya no miro más informativos. Estoy harto de tanto drama por todos lados. Quiero paz y tranquilidad. Prefiero sentarme a mirar un programa de T.V. que me haga reír", así, en tono displicente y sin complejos, me respondió recientemente un amigo al requerirle su opinión sobre los últimos acontecimientos en el Medio Oriente . Respeté su actitud pero aquella respuesta me dejó pensando con tristeza en la cifra enorme de personas que, como él, optan por aquella postura. La de la disposición a la indiferencia, a dar la espalda a la realidad, a la elección del silencio frente a la imperiosa necesidad del grito y la acción ante el espectáculo de un mundo que duele más cada día. El fenómeno, recurrente y fácilmente comprobable, me llevó a reflexionar sobre algunos de los posibles y variados orígenes del mismo. Sin ninguna duda, comparto la carga de dolor y frustración que los aconteceres de un mundo en crisis como el que habitamos provoca en el alma, así como el rechazo a su reconocimiento. Por otro lado, comparto asimismo la imprescindible necesidad del disfrute de la alegría y la risa como motores energéticos de nuestra experiencia vital. No obstante ello, en el centro de tal dicotomía, entiendo también que debe caber la consciencia de que formamos parte de un todo, de una entidad compleja, viva, cambiante, con debilidades y fortalezas, con virtudes y maldades, con ambiciones y egoísmos, con ideales y aberraciones, con errores y aciertos y que, por encima de ese vértigo de humanidad, nos cabe a todos en su interacción una cuota de responsabilidad. Responsabilidad que, en la medida de cada quien y en su conjunto, puede generar alternativas que contribuyan a la neutralización de las lacras negativas y a la construcción de un mundo mejor y para todos.
Es precisamente esa capacidad constructora, transformadora, la que nos negamos al asumir la indiferencia. O nos la niegan? O nos inducen a negarla?
En este mundo doloroso y amenazado desde múltiples flancos, donde una minoría decide su destino a su propio antojo e interés, ella no permite espacios para criterios que abran caminos a la justicia y a la igualdad. La omnipotencia del sistema que se sustenta en el poder del capital y  se dinamiza aplastando toda oposición a su existencia, cuenta con armas múltiples para mantener su statu quo. Su arrogancia no admite interferencias y para ello pone en juego la supremacía de sus recursos. La fuerza bruta y los instrumentos de guerra han sido y siguen siendo los más idóneos a la hora de acallar a los pueblos y conquistar botines, pero formas más "sutiles" se han sumado para ejercer una efectividad tan peligrosa o más aún porque apuntan a la mente, anulando la capacidad de reacción y desvirtuando la realidad. El poder mediático, al servicio del poder financiero y actuando en forma paralela a éste, ha asumido por un lado el rol anesteciante que insufla insensibilidad inconsciente induciendo mansamente a la pasividad y, por otro, aquel de la desinformación perversa que interpreta al mundo manipulando la realidad de acuerdo a sus propios intereses. Sin advertirlo casi, somos  así presa fácil del artilugio montado con astucia en cada rincón de la Tierra donde sea necesario introducir la mentira para confundir y la distracción fácil para adormecer. De esta manera, resulta  sencillo actuar sobre mentes engañadas y sosegadas, para imponer los designios del "nuevo orden" imperialista. Cuando caemos en ese círculo hipnótico perdemos la perspectiva de la realidad y al vencernos en la indiferencia y la mansedumbre, el poder mediático, financiero e imperialista ha ganado, aún al margen de nuestra voluntad , una pequeña pero importante piedra más donde apoyarse. La manipulación guerrerista de la opinión pública,  las  muchas veces toleradas invasiones neocolonialistas consecuentes, los peligros inventados para justificar los crímenes constantes, el manejo alevoso del capital, la depredación impune, la prepotencia imperial autoasumida como indiscutible valor de arbitrio universal, el vil atropello a la democracia con que el imperialismo capitalista cual nuevo Atila, va arrasando a su paso, necesita -además de las armas de guerra- de la pasividad silenciosa y acrítica de los que sólo quieren reír.