15 de abril de 2012

CUANDO LOS MIEDOS SE HACEN TRIZAS



Una vez, hace ya unos años, con mi hija entonces pequeña a mi lado, intentaba con esfuerzo y en vano hacerle tomar una medicina de sabor muy desagradable. Insistía sin éxito con aquél propósito cuando, corto de imaginación, se me ocurrió aplicar la archigastada fórmula que sufrí yo mismo en mis tiernos años.

Con tono imperante y cara de pocos amigos, le lancé aquello de “toma la medicina de una buena vez porque si no viene el cuco y te come”.

Ante la amenaza, mi hija detuvo de golpe su llanto, me miró fijamente y sin ningún titubeo me preguntó “ ¿y si te come a vos?”. Sorprendido, estuve a punto de tomarme yo la medicina ante aquella respuesta inesperada pero, me dejó pensando. ¿Si el débil, amedrentado siempre por la amenaza se plantea un día una pregunta tal, no se  invertirán los papeles?

La historia de los pueblos nos ha mostrado, en reiteradas oportunidades, que la reversión es factible. Los ejemplos existentes, que han ido marcando pautas indelebles en la consciencia humana, en el quehacer social y en la forja de nuevos valores, nacieron a instancia de la acumulación de opresiones y amenazas hasta el punto en que  el fiel de la balanza se vuelca al campo del desafío y la respuesta, haciendo añicos todos lo miedos.

Es obvio que no siempre se dan las condiciones para desarrollar la reacción contestaria.

La debilidad del ofendido, la falta de consciencia de su capacidad de respuesta, la fuerza bruta ejerciendo la presión dominante con la supremacía del poder, son factores que demoran el cuestionamiento y el contraataque. Sólo lo demoran pero no lo impiden, porque tarde o temprano, por una simpe ley de física aplicable también al comportamiento humano, toda acción provoca una reacción. No es natural en el hombre el precepto cristiano de “poner la otra mejilla luego de ser agredido”.

Esa construcción moral, en la búsqueda quizás de la comprensión del otro, en la persecución de una paz teórica y ficticia entre los hombres, de la tolerancia llevada al extremo de la humillación propia, no condice con el respeto a la vida, a la dignidad y a la justicia que todo ser humano está obligado a defender y que, las  aceleradas y profundas transformaciones del mundo actual, han ido descaeciendo gravemente.

El orden internacional del capitalismo salvaje ha ido arrasando con los derechos humanos de la dignidad, la justicia, el trabajo, la soberanía de los pueblos y hasta el derecho a defender sus intereses básicos de sobrevivencia.

La crisis económica provocada cruel y aviesamente por el mercado especulativo, ha devastado en Europa a países cuyos ciudadanos fueron sumergidos en la más humillante miseria y hoy vemos deambulando en la búsqueda de un mendrugo para sobrevivir.

Portugal, Italia, España, Francia, Grecia, antes Islandia, son víctimas propiciatorias del poder del capital que, exhibe sin ambages, como puede a su antojo transformar realidades en su propio beneficio.

Las medidas arbitrarias y difíciles de calificar por la gravedad que entrañan en la vida de la gente, como las monstruosas rebajas de sueldos, pensiones y puestos de trabajo en Grecia o los recortes de derechos laborales y civiles en una España millonaria en desocupados, son muestras de ese poder infame del sistema que, no obstante, deja descubrir que se encuentra en plena crisis tanto económica como política.

Sin embargo, esta acumulación de padeceres va saturando la capacidad de aguante y, cuando los que despiertan  comienzan a exigir

justicia surge la pretensión de acallarlos mediante la imposición de durísimas leyes represoras, como está sucediendo en Españä y en el propio Estados Unidos para los que alzan su voz contra el sistema.  Expresión que demuestra por un lado la incapacidad para aportar soluciones a las exigencias populares, porque para el sistema el primer tema de consideración y respeto es la atención a las necesidades del mercado antes que a la de los ciudadanos. Por otro lado, la exhibición de la fuerza para sostener el atropello mas flagrante a la democracia (¿cuán democrático es un país cuyo gobierno no ha nacido de las urnas como ha sucedido con Italia y Grecia?) proclama a todos los vientos que el “nuevo orden” se siente amenazado. Porque, la verdadera amenaza a la que el sistema es profundamente sensible, es la de que las mayorías de sus sociedades despierten y descubran que existen otras alternativas y al mismo tiempo tomen consciencia de su capacidad de reacción para luchar y conquistar otros caminos.

Dimitris Christoulas, un jubilado griego de 77 años, tan sólo unos días atrás, tomó una valiente decisión al alcance de su capacidad. Se dirigió a las puertas del Parlamento y allí se descerrajó un tiro que terminó con su vida sobre la Plaza Sigtama de Atenas. Antes, había dejado una carta : “Dado que no tengo una edad que me permita responder activamente (aunque sería el primero en seguir a alguien que empuñara un kalashnikov) no encuentro otro modo de reaccionar con dignidad que poner fin decente a mi vida antes de comenzar a rebuscar en la basura para encontrar comida”. Su limitada condición le permitió a su dignidad sólo ese camino, pero también señaló que otra alternativa es posible cuando los miedos se hacen trizas.











                                                                                                                                    

1 comentario:

  1. Buena reflexión. El temor es el peor impedimento para el hombre. El miedo enferma, paraliza. Tu hija no te temía, por eso supo responderte de igual a igual.
    Nos han enseñado tantas cosas represivas que andamos con cautela, con reservas, con miedo. Si nos desprendiéramos de todos esos velos (prejuicios, superticiones, conceptos morales, etc.) nadie nos obligaría a hacer aquello que no queremos. No es difícil si comenzáramos a cambiar desde adentro, es decir, nuestro pensamiento. Tal vez sea esto lo difícil, el mayor reto.

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