10 de diciembre de 2013



QUE SERIA DE LA VIDA SI NO TUVIÉRAMOS
EL VALOR DE INTENTAR ALGO NUEVO?
                                                      Vincent van Gogh

Ante aquella interrogativa reflexión de Van Gogh que lleva implícito el desafío de estimular constantemente a la vida, me pregunto –tomando aquel reto como ineludible- si entre las múltiples opciones posibles, la de intentar cada día asumir una postura consciente de nuestra responsabilidad, no sería ese un acto de valor impulsor en estos tiempos tan aptos para el pesimismo y las negaciones ?
Responsabilidad frente a qué nos preguntaremos.
Entonces cabe sólo tomar consciencia del paisaje que nos rodea, a pequeña o gran escala, y reconoceremos la necesidad apremiante de una respuesta que sitúe el deber moral de respeto a uno mismo y a la humanidad, como  responsabilidad o compromiso fundamental.
El debilitamiento de la dignidad y la libertad manifestados como una constante en el juego de las relaciones sociales, está evidenciando la carencia de aquel deber natural y , a un tiempo, exponiendo el agresivo perfil del individualismo dominante, ese que olvida a la otredad o la hace objeto de su intolerancia.
Sobran los ejemplos, en lo pequeño y en lo grande, en lo privado y en la sociedad, en la comarca y en el mundo, de ese individualismo que ha crecido de la mano de una prédica constante de alabanza a la defensa del interés personal, del valor material por sobre el humano y, como consecuencia, de la indiferencia por el semejante.
Indiferencia que admite, en su egoísta prescindencia, la exaltación de la intolerancia y su manifestación extrema de los fanatismos en boga.
 Hoy, hay un mundo que se hace astillas por doquier víctima de múltiples miserias, las corrientes migratorias que huyen del hambre, los desastres naturales, las guerras, las persecuciones políticas, los odios raciales y religiosos, suman millones de seres que vagan sin destino y sin esperanza sobre la faz de la Tierra.
Simultáneamente, hay otro mundo que de diversas maneras auspicia la miseria, provoca desastres y hambre, genera guerras y exalta odios raciales, religiosos, culturales para mantener dominado a su antojo y conveniencia a una humanidad que, bajo esa estrategia de miedo y dominación, ha ido renunciando a valores que proporcionarían respuestas frente a la ignominia. El comportamiento humano, manipulado con alevosa premeditación muestra entonces, en aquel marco, sus peores facetas en detrimento de la perspectiva moral que haría posible la empatía,  esa capacidad que nos hace humanos. A la desconfianza y el miedo, estimulados constantemente, se suman la indiferencia y las intolerancias fanáticas que señorean por sobre la sensibilidad y la razón. Cuando la sensibilidad se adormece, cuando la intolerancia deja de conmovernos ,cuando el sufrimiento ajeno es cosa de otros existe, sin dudas, un problema moral que nos atañe, que es personal, aunque hayamos sido conducidos, arrastrados  por una corriente dominante que busca transformarnos para adoptar aquellas actitudes. Digo que es personal, porque si hay algo que nos diferencia de otros seres, es la capacidad de elegir y esa libertad que aún nos cabe, resulta en una responsabilidad moral que nos compromete con nosotros mismos y con el prójimo.

Estar atentos a esa responsabilidad de vigilancia y respuesta constante contra la manipulación que incita al individualismo, a la indiferencia egoísta y sobre todo a la intolerancia, puede ser una intención personal que la hagamos nueva cada día como un valioso desafío de vida.  Federico Ferrando.-

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