En mi último blogg (LOS MIEDOS II), hacía referencia a la religión como creación humana que nos sume en la oscuridad, nos induce a la elusión de responsabilidades que volcamos hacia deidades en las que depositamos toda nuestra fe, así como en el uso que el poder político ha hecho siempre de esa falacia en beneficio de sus intereses. A este último efecto nombraba a destacados personajes practicantes del cínico ejercicio de invocar constantemente a Dios y la religión, mientras las más aberrantes prácticas de atentados contra el ser humano se cometían bajo su égida.
Frente a esta referencia, recibí el comentario de uno de mis lectores en el que me hacía notar la parcialidad que me impedía ver que también hay políticos "buenos" que convocan a Dios y la religión. Doy por supuesto que así es y, que los "buenos" que profesan religiones, parten de la base de que sus dioses constituyen entes con bondades que ellos aspiran a que se expandan urbi et orbi. Llevados por tales intenciones e imbuidos de su fe (ese capricho irracional que también practican políticos "buenos") elevarán sus plegarias al cielo en la búsqueda de soluciones a los problemas que nos acucian. Sin embargo, la sana actitud de quienes, inclinados así hacia la misericordia, se amparan bajo el paraguas de las deidades, no oculta por otro lado el enorme ámbito de las religiones que alojan, con absoluta tolerancia, complicidad y mezquinos beneficios, el objeto de todo lo que abominan en sus prédicas. La Iglesia Católica es ejemplo de la connivencia histórica con el poder político, lo que ha conllevado hasta el día de hoy mucha mentira, mucha descomposición, mucha inmoralidad y dolor...en el nombre de Dios. También los "buenos" han caído y caen bajo el influjo de ese poder extraterrenal impuesto a instancias del miedo. Por qué no ? Ellos forman parte de esa humanidad que ha ido forjando la idea de que el destino del hombre está unido a la voluntad divina, dependiente de ella y sometida a ella. Rebelarse ante sus designios conduce a las puertas del infierno. Aunque los políticos "buenos" no hagan esta referencia, ella está implícita en la aceptación y adoración de poderes celestiales. Esta amenaza constante y el miedo consecuente han suprimido la voluntad del hombre para reconocerse con la potencialidad inherente que le permitiría ejercer libremente su propio destino. Esa negación resulta, a mi entender, el factor cuestionable de mayor significación porque anula en el ser de carne y hueso la consciencia de sus valores y de su fuerza.
Se me dirá que la recurrencia a esos credos es una necesidad de gran parte de la humanidad para sobrevivir a sus carencias y angustias, es cierto y así lo ha hecho desde tiempos inmemoriales. Pero esa panacea ante tal necesidad alimentada y estimulada por las religiones no ha conducido a la afirmación del individuo, al fortalecimiento de su propia capacidad y poder sino que, por el contrario, lo ha humillado volcándolo a la dependencia de entelequias abstractas que se transformaron en un vacuo sostén del que se han hecho esclavos incondicionales.
Las religiones apuntan, como base de sustentación, a la alabanza de virtudes de carácter humano, pero caprichosamente incorporadas a la divinidad y a sus"representantes " en la Tierra (llámense Jesucristo o Mahoma), como figuras ejemplares a imitar. Es obvio que este resulta un cómodo recurso para hacer confluir, en una sola imagen, el compendio de todas las bondades pasibles de albergar idealmente un individuo. Pero, por qué remontarnos a los cielos para encontrar el camino que nos conduzca a ese hipotético ideal, cuando en la búsqueda partimos de rasgos ejemplares que son humanos ?
Al caer en esta concepción tramposa de virtudes celestes e ignorancia de la condición humana de donde aquellas parten en la realidad, aparece entonces el arma de amedrentamiento y dominio para aceptar el artificio: el miedo.
El miedo al castigo divino que recaerá inexorablemente sobre toda desviación del rebaño, sobre todo cuestionamiento a las verdades rebeladas de origen celestial, sobre toda consciencia que ubique a la vida en sus parámetros reales, terrenales, de sufrimientos y felicidades originadas y construídas por el quehacer humano. Ese miedo que empequeñece, manipulado para infantilizar al individuo e incorporado por éste pasiva e inconscientemente a su vida, niega impunemente la libertad natural en aras de la sumisión. Esa que será "recompensada" cuando la responsabilidad humana no ejercida se convierta en polvo. Federico Ferrando.
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