Jackson Pollock
A primera vista podría parecer, con la afirmación del título, que estoy descubriendo la pólvora. Sin embargo, a poco de rever el concepto, admitiremos que no es ninguna obviedad y que, muy por el contrario, existe en nosotros una exigencia casi natural, inconsciente y por lo tanto no analítica, que apunta al manejo de pretensiones de pureza en los comportamientos humanos como una necesidad de la propia sustentación.
La aspiración de un concepto de pureza que solemos reclamar muchas veces, está dirigida normalmente al otro en la búsqueda quizás de compensaciones a las propias carencias y debilidades.
No es que discrepe con la ambición sino con la errática valoración que hacemos de las capacidades posibles que pudieran colmar al cien por ciento las expectativas.
Objetos de tales demandas suelen ser aquellos seres que elevamos a la categoría de líderes, de cualquier índole, o a movimientos u organizaciones de masa políticos o religiosos sobre quienes volcamos la mayor confianza en la conducción del camino que nos muestran y adonde nos dejamos guiar. Esa responsabilidad que le adjudicamos implica un grado de entrega que busca justificarse atribuyéndole a aquello a que hemos apostado, características de excelencia y pureza que exceden la lógica de la realidad.
Cuando hablo de pureza, me refiero a ese criterio que suele manejarse mediante el que se considera posible el comportamiento inmaculado, limpio de todo lo que concierne a las marchas y contramarchas del transitar humano. Una entelequia ésta que se sustenta muchas veces cerrando los ojos a la realidad con el riesgo de devenir en fanatismo y otras por la inercia cómoda y complaciente que se deja llevar por una imagen errática, hasta que despierta y se da de bruces con lo innegable: el ser humano es luces y sombras y todo lo que él construye no escapa a esa impronta. Sería ingénuo pretender una conducta humana exenta de sombras, sin embargo lo que resulta ineludible sostener y requerir es la coherencia, una virtud no muy frecuente en aquellos objetos que elevamos a jerarquías superiores, como lo hacemos por ejemplo en el terreno de la política, entre otros planos de la actividad humana.
Federico Ferrando.

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